Opinión: El precio de la jactancia

Claudio Nuñez
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“… el querer demostrar que Carabineros de Chile, institución policial que enfrentó en el mismo sector, con mucho menos personal, y bajo fuego, un lamentable procedimiento policial que costó la vida de una persona y que previamente había incautado drogas y armas en varios procedimientos, incluso el propio sargento Ávila, hoy sentenciado por un delito menor asociado al conflicto narrado, había incautado drogas en el mismo lugar. Todos hicieron escarnio público de carabineros y un general director tuvo que deshonrosamente dejar la institución acompañado de 28 generales”.

Escribe: Jorge A. Aguirre Hrepic, profesor de Estado, consultor en Inseguridad Crimanalista – Criminólogo.

El mundo es redondo y gira que duda cabe y todo lo que sube, en algún momento baja, estas dos afirmaciones, se cumplen cotidianamente en la vida, guste o no.

La principal sentencia humana radica en las expresiones, que una persona emite bajo cualquier título y aunque a veces se olvida, no falta el que está presente para recodarnos los dichos, y subrayarlos, con diferentes fines.

Arauco ya no tiene pena, no quedan lágrimas para derramar, el castigo que sufre ya no es en manos de un conquistador profesional, como fueron los españoles durante muchos años, que conforme a la historia, lo hicieron en forma natural – como se estilaba en la época- a muchos países.

Hoy el dolor del siglo XXI, se infringe mediante otras motivaciones, algunas incluso inexplicables ya que pese al paso del tiempo el sufrimiento es mayor, y duele mucho más, cuando ocurre entre hermanos, entre enemigos internos, entre socios, entre parientes, entre familiares.

Adicionalmente, la estupidez humana, en La Araucanía se viste de gala para asistir a un concierto de desaciertos, cuyas funciones son permanentes y en aumento, total, nadie paga la cuenta por lo menos que se sepa.

Bueno, en realidad el 7 de enero de 2021, quedará marcado a fuego como el día que hubo que pagar factura y con un impuesto demasiado alto, especialmente con la pérdida de vidas humanas, lesiones, pérdida de vida de animales y extravío de un bien muy preciado, que es la razón.

En este sentido, como se puede materializar en un día la ocurrencia de tres hechos casi simultáneos, relacionados entre sí, aunque sea de forma indirecta, lo que generó cierta confusión en el respetable publico y suspicacia en otros.

Este día, importante porque en horas de la mañana se daba lectura al veredicto judicial, de un hecho lamentable ocurrido el 14 de noviembre de 2018, la muerte de Camilo Catrillanca en el sector de Temucuicui, donde ya ni siquiera interesa para nadie que pasó, total, ganó la pos verdad, y punto.

Los ocho sentenciados como culpables de diferentes delitos, pagaban una cuenta unilateral de hechos disimiles en cuanto a su tipicidad, pero era lo políticamente correcto, lo judicialmente debatido y lo mediáticamente deseado.

Simultáneamente, en Selva Oscura, también provincia de Malleco, en un incidente evitable daban muerte de un certero disparo en el rostro al agricultor Oswal Casanova, destacado hombre de la tierra que luchaba junto a sus pares por defender su propiedad, por defender el terruño productivo y nunca pensó que la insospechada muerte, cobraría la cuenta también.

La guinda del pastel, también en la mañana y en Malleco, sector Temucuicui, cercano donde murió Catrillanca, la ironía del destino, cobraría otra cuenta, de un hipotecario sin seguro de gravamen, como es la vida de un policía, falleciendo también de un impacto balístico el subinspector de la PDI, Luis  Morales, de dotación de una unidad policial de Iquique, tierra de campeones, ubicada en el norte grande de Chile.

A estas alturas, nadie entendía nada, ¿qué paso?  todos se preguntaban.

Las respuestas eran esquivas, equivocas y confusas.

Las especulaciones daban para todo, se mezclaban los hechos, sin que nadie aclarara que eran diferentes, todos en la provincia de Malleco, pero diferentes.

Cuando hace ocho meses atrás se preparaban los planes para intervenir policialmente y con autorización judicial el sector de temucuicui, en busca de los elementos que los mitos populares indicaban que existían, tales como drogas y armas, nada hacia presagiar, el costo que había que pagar por hacer cumplir el estado de derecho.

Menos, si se consideraba que la superioridad numérica de una fuerza policial de 800 policías, podía ser rechazada por algunos campesinos dedicados a la siembra y cosecha, de lo que no se sabe o no se quiere saber.

A estas alturas también da lo mismo.

La ironía se ensañó con Malleco, los juzgados de ayer, criticados por su proceder por todo el mundo a través de la prensa, pese a cumplir con su deber, hoy serian beneficiados con la otra cara de la moneda aunque sentenciados por el temor a que no arda la pradera.

Los que ayer enarbolaban laureles de víctima, hoy serían victimarios visibles de sus acostumbrados arrebatos ante el principio de autoridad, especialmente cuando no conviene.

En un territorio donde la mansedumbre no existe ni entre hermanos, menos con el afuerino y peor para el que no conoce tal costumbre, ya que el precio es más alto.

En la capital de Reyno de Chile, no sospechaban que algo planificado a mas no poder y de onerosos compromisos  económicos en traslado de personal, equipo, medios, viáticos, alimentación, alojamiento temporal y muchos etc., seria un desastre similar al de Waco, Texas, Estados Unidos el año 1993 en el control de la secta de los Davinianos, donde la agencia federal ATF (alcohol, tabaco y armas), pese a tener información, fueron sorprendidos y los resultados fueron terribles en pérdidas de vidas humanas.

Por eso hay que considerar que la jactancia es la vanidad que muestra una persona que presume y alardea de si misma y de sus cualidades, extensiva a grupo de personas que actúan de la misma forma, como organización.

En este orden de ideas, el querer demostrar que Carabineros de Chile, institución policial que enfrentó en el mismo sector, con mucho menos personal, y bajo fuego, un lamentable procedimiento policial que costó la vida de una persona y que previamente había incautado drogas y armas en varios procedimientos, incluso el propio sargento Ávila, hoy sentenciado por un delito menor asociado al conflicto narrado, había incautado drogas en el mismo lugar. Todos hicieron escarnio público de carabineros y un general director tuvo que deshonrosamente dejar la institución acompañado de 28 generales.

Lo irónico es que hoy la PDI, actuando de sobreseguro y queriendo demostrar mayor capacidad profesional, -bajo el espíritu de su director general-, quiso operar en el mismo sector, sin considerar los problemas previos y menos tomar en cuenta la reacción natural y cotidiana de quienes viven en ese oasis de autonomía en todo sentido, fueron víctimas provocadoras de su propio destino, resultando lamentablemente muerto un policía y 11 heridos, gracias a Dios no hubo más muertos.

La jactancia es dañina, el abuso verborreico también y el minimizar los riesgos aun más, teniendo como agravante, el vulnerar la seguridad de sus propios policías, lo que no tiene precio ni duda, ya que el mando en estos casos, no son las jinetas que se portan y ostentan, si no el ejercicio cerebral de las ideas operativas que se ejecutan en un terreno, especialmente hostil, aunque sea para ir a conversar. Eso es no querer reconocer lo que verdaderamente pasa en La Araucanía.

Las explicaciones hoy agravan la falta. Nadie sabe qué hacer, el apoyo que no brindaron a Carabineros, los propios Carabineros, hoy se lo regalan a la PDI, enviando por avión la cooperación pertinente y oportuna de escuadrones especializados.

Ayer, fue expulsado un general director por el Caso Catrillanca y otro por un problema con dos menores infractores de ley, en un centro del Sename. Sin embargo, ante un hecho planificado, jactancioso y que sería celebrado con cobertura periodística, ante el desastre, todos blindan al director general Espinoza. Si esto no es desigualdad, ¿qué es? Bien por él.

Hace pocos días Espinoza ventilaba desafiante por la prensa que debían doblar sus esfuerzos para suplir a la otra policía (Carabineros), hoy en algo de su rol investigativo, falló la costura, lamentable por cierto, pero falló. Entonces donde quedó el honor y la responsabilidad de mando.

De los trascendidos que indican de un mal actuar de oficiales de la brigada de derechos humanos coaccionando a sus propios colegas operativos, no nos haremos cargo, no hay que hacer leña del árbol caído, pero hay mucho que investigar.

Veremos la actuación de los inquisitivos peritos balísticos de ayer, seremos expectantes observadores de la distancia de disparo con la escopeta antimotines con balines de goma a mas de 20 metros de distancia del blanco humano, miraremos los videos de las “go pro” de los funcionarios policiales donde muestran el procedimiento y a quienes incrimina y esperamos la actuación del Instituto de Derechos Humanos y seremos paciente mirones de la actuación de la Fiscalía.

Lejos de un empate, es saludable la aclaración de los hechos ya que lo criticado ayer, hoy pasa desapercibido, sin saberse el Por qué.

Como dice el dicho popular, otra cosa es con guitarra, y esta vez, no se supo tocar adecuadamente, el señalado instrumento, desafinaron todos, pero a quien le importa, si el evento fue en pley back.

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Editorial: Reforma a Ley de las pensiones

Opinión: El Estado de Chile y la corrupción, sus efectos y los desafíos pendientes

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