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Editorial: Drogas y pobreza

Claudio Nuñez
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El combate no es solo reforzar la labor policial sobre el consumo de drogas. También requerimos con urgencia establecer mejor acceso a la salud, empleo, vivienda, justicia y una serie de dimensiones del bienestar social. Se debe favorecer que la política pública en este tema aborde y logre modificar los aspectos que propician el inicio y desarrollo del consumo.

A fines de junio pasado se dio a conocer el Informe Mundial sobre Drogas 2020 de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, donde uno de los puntos más preocupantes para nuestro país es que somos punteros en una lamentable tabla. “La de las drogas, especialmente en población escolar, liderando en la prevalencia/año del consumo de marihuana a nivel mundial. Lo más preocupante no es el dato, es que la cifra y el problema no son nuevos”, ha señalado Iván Muñoz, psicólogo y director fundación Paréntesis del Hogar de Cristo.

“Esta noticia volvió a aparecer hace algunas semanas a propósito de la dificultad de la ejecución de programas de apoyo, debido al cierre de colegios por la crisis sanitaria. Este dato más lo señalado por el referido informe, hace pensar que las cifras que ya eran malas, empeorarán en el futuro, ya que habrá generaciones que no han recibido suficiente prevención”, indicó el profesional.

La región de La Araucanía presenta un 28,5% de la población en situación de pobreza multidimensional (correspondiente a 68.7652 personas), situándose 7,8 puntos porcentuales (pp) por sobre la media nacional (20,7%), ocupando el nivel de pobreza más alto del país, según los datos de la encuesta Casen 2017. Con la pandemia, esas cifras podrían llegar a estados lamentables.

La primera edición del Índice de Desarrollo Comunal, realizado por el Instituto Chileno de Estudios Municipales (ICHEM) y el Instituto de Estudios del Hábitat (IEH), ambos de la Universidad Autónoma de Chile (ver página 3 de esta edición), evidenció que un grupo de ocho comunas en el país presentan un nivel alto de desarrollo, mientras que más de un 60% cuenta con un nivel de desarrollo medio bajo y bajo.

Si la noticia del alto consumo de nuestros jóvenes no es nueva y realizar prevención no es la única solución, ¿cuál es el camino? El mismo Informe Mundial concluye que existe una asociación entre desarrollo de trastornos por consumo de drogas y desventaja social. Esto es: bajo nivel educativo, mayor dificultad para encontrar y permanecer en el empleo, inestabilidad financiera y pobreza, posiblemente los problemas que más se han evidenciados en este contexto de pandemia.

Según el estudio realizado por la Universidad Autónoma, las regiones que cuentan con comunas de mayor desarrollo serían, la Región Metropolitana de Santiago (promedio 0,5), la Región de Valparaíso (promedio 0,42) y la Región de Antofagasta (promedio 0,41). En el otro extremo de la tabla se encuentran las regiones de Ñuble y La Araucanía (ambos con promedio de 0,299) y Arica y Parinacota (promedio 0,289), territorios donde el desarrollo económico se concentra de manera evidente en su capital regional.

Ello nos permite concluir que debemos acentuar nuestra preocupación por el combate y exigencia al poder político y económico en el diseño de políticas públicas eficaces para bajar los índices de nuestra pobreza, porque en precisamente en esos sectores –carenciados y vulnerables- donde más crece el consumo de drogas, incluido el alcoholismo.

El combate no es solo reforzar la labor policial sobre el consumo de drogas. También requerimos con urgencia establecer mejor acceso a la salud, empleo, vivienda, justicia y una serie de dimensiones del bienestar social. Se debe favorecer que la política pública en este tema aborde y logre modificar los aspectos que propician el inicio y desarrollo del consumo.

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