Apoyo Social y Resiliencia Comunitaria: Un Camino Posible para una Cultura de la Prevención en Contexto de Pandemia

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Por Eduardo Sandoval Obando / Psicólogo

La pandemia provocada por el COVID-19 se ha transformado es una crisis sanitaria, económica y geopolítica sin precedentes en Chile y el mundo. Además, ha provocado cambios significativos en las prácticas de vida cotidiana de las personas como consecuencia de las medidas sanitarias dispuestas desde el nivel central (distanciamiento físico, toque de queda, cuarentena dinámica y la reciente implementación de la cuarentena obligatoria para personas mayores de 75 años, etc.) lo que ha incidido en la aparición de diferentes manifestaciones tales como el miedo al contagio, la incertidumbre, la ansiedad, fluctuaciones en el estado de ánimo, alteraciones en los patrones de sueño y alimentación, aumento de los niveles de estrés, entre otros. 

En vista de lo anterior, nuestro país se enfrenta a una emergencia sanitaria que provocará alteraciones importantes en la vida de las personas. Es decir, no solamente está en riesgo nuestra salud física (frente a un eventual contagio), sino que surgirán al corto, mediano y largo un conjunto de reacciones (cognitivas, emocionales, conductuales, etc.) que pondrán en jaque nuestra salud mental. Es díficil hablar de una ‘nueva normalidad’ frente a un evento altamente complejo y dinámico como el COVID 19, cuyas consecuencias e impacto sociosanitario, psicosocial, cultural y económico es aún incierto.

Precisamente por ello, desde la psicología de la emergencia resulta importante avanzar en el fortalecimiento de la medidas preventivas en la población para favorecer una cultura de la prevención frente a esta pandemia. Dentro de este ámbito, nos parece necesario reforzar tres dimensiones:

En primer lugar, se reitera la importancia de un cumplimiento estricto de los hábitos de higiene personal (cumplimiento distanciamiento físico, lavado frecuente de manos, uso de la mascarilla, etc.) y la promoción de estilos de vida saludables a nivel familiar y comunitario. Cuidarse para cuidar a otros/as es imprescindible. 

En segundo lugar, es prioritario avanzar en mecanismos y estrategias participativas e inclusivas de acción local orientadas a la planificación de la recuperación temprana, con enfoque de género, de manera que la prevención sea el eje rector en nuestra convivencia cotidiana. 

En tercer lugar, es necesario fortalecer la preparación y la respuesta a nivel comunitario. Al respecto, y basado en la literatura, se sabe que la percepción del riesgo influye fuertemente en la disposición de las personas para prepararse frente a una emergencia. Además, los vínculos sociales en las comunidades pueden desempeñar un papel importante al enfocar las percepciones de riesgo, convirtiéndose en predictores de las actitudes de los afectados/as hacia los desastres.

Finalmente, la gestión del riesgo de desastres (GRD), el Marco de Sendai, los Objetivos para el Desarrollo Sostenible (ODS) y el Acuerdo de Paris para el Cambio Climático aportan orientaciones de referencia para un giro epistemológico en la forma de afrontar esta pandemia. Fortalecer el apoyo social, la resiliencia comunitaria, el autocuidado y la cultura de la prevención frente al COVID 19 se instalan como un camino prometedor y necesario para afrontar responsablemente la emergencia socio-sanitaria actual.

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