Opinión: Noviembre, prueba de la blancura para la derecha

Claudio Nuñez
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“Sorprende la rigidez del gobierno y del oficialismo. Sus argumentos se asemejan todavía a aquellos conceptos esgrimidos durante el siglo XIX y gran parte del Siglo XX para mantener a los PPII bajo la condición de ciudadanos de tercera categoría, marginados de la sociedad, discriminados y excluidos de la toma de decisiones a nivel de Estado”.

Escribe: Domingo Namuncura

En estos días de noviembre se reunirá el pleno del Senado para votar la reforma de escaños reservados para Pueblos Indígenas (PPII) en la convención constitucional. Han transcurrido siete meses, desde diciembre 2019 cuando el parlamento aprobó esta reforma y encomendó al senado sus detalles. El 29 de octubre pasado, finalmente, la comisión de constitución de la cámara aprobó 11 indicaciones por mayoría de votos, pero corresponderá ahora a los 43 senadores votar en su totalidad el proyecto.

Los sectores de oposición han expresado su total respaldo a esta reforma. El 12 de octubre pasado catorce partidos de la oposición, en forma unitaria, suscribieron un compromiso positivo, en tanto a nivel de gobierno y oficialismo se han mantenido rigideces que han entrampado, temporalmente, el avance del proyecto.

La oposición ha resuelto apoyar los cuatro siguientes criterios.

1.- Que los PPII indígenas y afrodescendientes reconocidos por Ley estén representados igualitariamente en la convención constitucional.

2.- Que esta representación sea equivalente al 12,8% de la población chilena (lo que resulta en un piso mínimo de 20 constituyentes indígenas).

3.- Que los electores indígenas, actualmente registrados en el padrón nacional, puedan votar por autoidentificación.

4.- Que se asegure que cada identidad cultural y territorial estén representados de tal forma que ninguna región quede subrepresentada y 5.- Que los convencionales indígenas sean también paritarios.

El gobierno y el oficialismo, partieron proponiendo tres convencionales PPII con “techo abierto” y dejando librado la composición de tales escaños a la cantidad de electores indígenas que tendrían que inscribirse en un padrón segregado.

Luego y por diversas manifestaciones sociales y fundados contra argumentos, pasaron a cinco. Después a ocho. Luego a diez…. n una franco y sorprendente regateo… para terminar, finalmente, con una propuesta minimalista de quince escaños, con conlleva subvalorar a tres PPII en el total.  Estas “propuestas” del oficialismo han sido ampliamente rechazadas y en la comisión de constitución del Senado ninguna de ellas fue aprobada.

Sorprende la rigidez del gobierno y del oficialismo. Sus argumentos se asemejan todavía a aquellos conceptos esgrimidos durante el siglo XIX y gran parte del Siglo XX para mantener a los PPII bajo la condición de ciudadanos de tercera categoría, marginados de la sociedad, discriminados y excluidos de la toma de decisiones a nivel de Estado.

Recién en 1993, hace apenas 27 años el Estado nacional aprobó una Ley indígena (19.253) que ha ayudado en parte a abrir caminos para una mejor comprensión de la cuestión social indígena. En marzo 2008 el Congreso ratificó (después de 18 meses de espera) el Convenio 169 que hoy es Ley de la República. Y anteriormente Chile firmó en Naciones Unidas la Declaración universal de Derechos de los PPII del mundo.  Aun así, el mundo conservador no quiere ceder en su apreciación de que los PPII mantienen una categoría civil y política que no es equivalente a la de todos los chilenos.

El 25 de octubre la inmensa mayoría de los ciudadanos chilenos hemos optado por cerrar el ciclo de 40 años de una constitución, cuyo origen radica en un golpe militar y que ha causado muchas amarguras a todos. Se mandató con ello un cambio social, político y cultural.

Excluir hoy a los PPII de la convención constitucional o pretender minimizar su representación, haciendo caso omiso de la existencia ancestral, es decir anterior al Estado, de culturas y pueblos – las primeras naciones del continente – anteriores al Estado es seguir anclados en el pasado.

En particular, el pueblo mapuche no nació con el Estado chileno. Al contrario, el Estado nacional surgió con el pueblo mapuche en el territorio. Y con esto la tarea de construir, hacia adelante, las bases de un auténtico reconocimiento constitucional, que nos ha sido negado por más de 30 años desde la transición democrática. Y digámoslo con franqueza, esa negación ha sido persistente por parte del mundo conservador. El martes 10 de noviembre, en el debate y votación del Senado, que será sintonizado por tv.senado.cl por cientos de miles de personas, los conservadores de Chile tendrán la oportunidad de dejar también atrás sus prejuicios. (Fuente: cooperativa.cl).

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