Opinión: Chile, el país de nunca jamás

Claudio Nuñez
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“Conforme a los hechos,  por años, unos más que otros, cuando las soluciones políticas no han funcionado un sector primero y otro después, han recurrido al desprestigiado felatio a las fuerzas armadas, para recuperar lo que se perdió en el foro político y endosar a los militares la responsabilidad de tomar las riendas del indócil potro amañado, que ya no responde al jinete soberano, que es la población en general”.

Escribe: Prof. Jorge Aguirre Hrepic, consultor en Inseguridad, Criminalista-Criminólogo.

Reconocemos que la perfección no existe pero si el camino a ella, que está lleno de obstáculos y múltiples altos y bajos, pero lo último que se debe perder es la “esperanza”.

También sabemos que cada ser humano está lleno de sueños, aspiraciones, ambiciones, necesidades, penas, alegrías, amores y desamores, en fin de un cuanto hay.

Sin bien, ninguna persona es igual a otra, por diversas razones, sean bilógicas, psicológicas o sociales, la tendencia de la ley natural, se fractura cuando la sociedad jurídicamente organizada   dispone por escrito y mediante normas, dar licitud a algo que parece legítimo y que debe respetarse. Sin discusión alguna, es justo y perfecto que todos seamos iguales, especialmente ante la ley, única garantía de que no existan abusos contra nadie. Si señores, contra nadie.

Esta noble aspiración deontológica, es carne y espíritu, cuando hay pleno cumplimiento de las leyes, y por todos, desde el que lee y estudia mucho, al que lee en forma regular, al que lee menos y a los seguidores del aforismo popular “P…. pal que lee”.

Hay que dejar los eufemismos de lado, y decir las cosas por su nombre, por generaciones hemos conocido el mote de “Clase Política”, como también el mundo eclesiástico no miente, la  familia militar es unida, Los masones no son misteriosos, los canutos no toman licor, los scout son niños vestidos de tonto, mandados por un tonto vestido de niño, los marineros en cada puerto tienen un amor y los pacos no saben leer ni escribir.

Chile está lleno de personas que aspiran igualdad y reniegan de todo, y por casi 200 años, han respirado una democracia especial y contaminada, con todo tipo de historias, traiciones, vendettas, mentiras y arreglines, que ni Antonio Zamorano, el cura de Catapilco entendería y menos  el popular historiador que anda de canal en canal lograría descifrar.

Las verdades absolutas no existen, los ricos no son todos malos y los pobres, no son todos buenos.  Los pobres de ayer, que tienen todo el respeto, no merecen ser relevados por los pobres marqueros de hoy, con sofisticados celulares y coloreadas zapatillas, que permiten sortear las barreras sociales más férreas. 

Los adinerados de ayer -grupo, otrora pequeño- hoy, son un club donde no se paga membresía formal pero si interesa el saldo bancario con la salvedad que en varias latitudes hay un regimiento de ricos con fondos de diversas monedas y órdenes de pago que irritan a muchos, pero son las nuevas reglas, en determinadas partes, ya que los millonarios allende el ex muro de Berlín, son intocables e incuestionables.

Lo que sí es transversal es que los políticos profesionales, paladines de innumerables partidos políticos, incluso cuando se cambian de “chaqueta”, pelean ante las cámaras pero en la intimidad son más amigos de los que todos creen. La amistad es irreprochable, cada quien cultiva la amistad con quien quiere pero no es sano burlarse de la gente.

En todo caso, la gente, el pueblo, que no es tonto, la verdad no les afecta el dedo en el ojo. Es un acto voluntario, solo les incomoda lo que afecta a sus intereses, es decir el honor y la verdadera dignidad no existen.

Conforme a los hechos,  por años, unos más que otros, cuando las soluciones políticas no han funcionado un sector primero y otro después, han recurrido al desprestigiado felatio a las fuerzas armadas, para recuperar lo que se perdió en el foro político y endosar a los militares la responsabilidad de tomar las riendas del indócil potro amañado, que ya no responde al jinete soberano, que es la población en general.

La mejor muestra surgió hoy 14 de octubre de 2020, desde la mismísima, H. Cámara de Diputados de la Republica, donde  a la letra dice: “Como es de público conocimiento, tanto a nivel nacional como internacional, a partir del 18 de octubre del año 2019 Chile vive un proceso social único en su historia, donde las numerosas demandas por más y mejor justicia social han generado la unión y solidaridad de la enorme mayoría de la población, la cual se ha organizado pacíficamente en aras de objetivos apuntados hacia el bien común. Es por lo que el mundo político ha reaccionado, logrando un acuerdo transversal de todos los sectores que abrió el camino hacia un nuevo proceso constitucional, el que, a diferencia de la Constitución vigente, se logrará a través de un proceso democrático y participativo tanto en su forma como en el fondo. Sin embargo, el camino no ha sido fácil. En el proceso el país vivió episodios de dramática violencia ejercida hacia cualquiera que pretendiera ejercer su legítimo y constitucional derecho a manifestarse. Muertes, mutilación de ojos, detenciones ilegales, acusaciones de tortura y violencia sexual ejercida por agentes del Estado durante el presente gobierno del Presidente Sebastián Piñera, han sido objeto de distintos estudios e informes de organismos internacionales dedicados al fomento y resguardo de los Derechos Humanos, tales como Amnistía Internacional, Human Rigth Watch, y las Naciones Unidas, quienes han denunciado los graves sucesos de violaciones reiteradas a los derechos humanos ejecutadas, principalmente, por Carabineros de Chile hacia los ciudadanos de nuestro país”.

Está abierta y directa injerencia de un poder del Estado (legislativo), contra otro (poder ejecutivo), no solo vulnera la Constitución vigente, sino, que tergiversa la realidad porque hasta el más lego en la materia ha podido internalizar que por ninguna parte, se apreció “una pacífica unión y solidaridad”. Para nada. 

Lo peor, es que se usa como modelo a las Naciones Unidas y nadie dice nada de la horrible y trágica misión, que por omisión, tuvieron en Ruanda, país africano donde la etnia “Hutus” a vista y paciencia de esta organización internacional, cometieron el genocidio más terrible en los últimos años, sobre la etnia “Tutsi”, sin haber manifestado el más mínimo juicio moral de reproche, demostrando que no han aprendido  nada.

Luego, en los párrafos siguientes, esta cámara política, trata de forzar al Presidente de la República, para que exonere al General Director de Carabineros, le enrostra el sumario de otros 7 generales, inculpa a Carabineros, juzgado derechamente al Carabinero que habría empujado a un menor de edad, en el puente Pio Nono, en Santiago y da las directrices para reformar a Carabineros, creando un único escalafón y la agravante principal, que intervenga la institución, mediante un tercero, de carácter civil para que asuma el mando de la Institución.

La Cámara de Diputados borró con el codo, lo que escribió con la mano a través de sendas normativas legales previas, sin diagnóstico, sin seriedad, dejando el camuflaje en que estaban asolapados por decenios, donde los mismos que rasgan vestiduras hoy han intervenido por años, en efectuar traslados de funcionarios para satisfacer a algún familiar votante, requieren de furgón policial y cuarteles para sus circunscripciones electorales, y se han paseado por la Dirección General de Carabineros, no solo tomando café, sino que abrazando mentirosamente al uniforme verde, siempre en búsqueda de un beneficio personal.

Hablan de que Carabineros debe someterse al poder civil, sin considerar que siempre ha sido así. Desde el año 1927 esta Institución ha obedecido ciegamente a sus políticos dirigentes e incluso a los gobiernos militares, en forma disciplinada, sin reparos y con altos costos, por eso el exceso de bondad es causal de menosprecio.

Es lógico que ante los hechos acaecidos, y que en este medio, Tiempo 21, el 12 de abril de 2019, proyectamos incipientemente lo que venía, a partir de un desorden social, aunque no de la magnitud de esta bomba molecular, pero a nadie le interesó. Por ello, los efectos han sido múltiples, graves e incalculables, no solo en lo económico, sino en las confianzas rotas como un jarrón de porcelana. Ya no se puede reparar. Por eso hay que efectuar cambios, pero no reformas antojadizas.

Lo ocurrido es lamentable, pero ha quedado en evidencia irrefutable que hay múltiples responsables los que no pueden recurrir al empedrado, nadie se puede hacer el tonto, la falta de carácter y amor propio en todo sentido es preocupante.

Por ello, el mejor símil, que se puede hacer con Chile, es la realidad de un mundo de fantasía, aunque haya una falta de coherencia, porque eso es. Esta larga y delgada franja de tierra, un lugar paradisíaco donde las hadas, aves, niños perdidos, piratas, indios, sirenas y reino animal, dan el contexto al personaje de “Peter Pan”, el niño que no quiere crecer, solo volar y comunicarse  con “Campanita”, sin enterarse que ellos gobiernan este mundo, cuasi ideal, donde hasta la maldad no es tan mala.

Cuando Berrie, escribió esta gran obra, le falto crear el “Desorden público”, más allá de lo que genera el “Capitán Garfio”, pero que sin embargo, no habría dudado un instante en pasar por el tablón, a varios desadaptados.

Lejos de la ironía práctica, hemos vivido la ironía teórica, pero no menos importante, con la salvedad de que aquí, los roles han variado, los actores y la tramoya también, pero el sentido es el mismo, vivir y sobrevivir, en un país encantado, que no despierta de su letargo ni quiere hacerlo, es más ya todos están pensando en celebrar, un año del quebrantamiento social, sin haber meditado tan solo un instante, de lo que puede venir, donde no hay control de ninguna especie, no servirán ni los lamentos y los destrozos serán mudos testigos, de la irracional trama del país de nunca jamás, mas allá de la imaginación  de un escritor, ya que esta vez, cada uno escribe su propio destino y cava su propia tumba. Donde no importaran la igualdad ni la dignidad, elementos decorativos del ayer y valores faltantes del mañana.

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Opinión: Nueva Constitución, otro Chile es posible

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