Opinión: No hay críticas constructivas

Claudio Nuñez

“Las críticas constructivas, poseen un marco teórico, y se consideran para mejorar a través del aporte de un tercero, algo que se debe corregir, modificar o cambiar. Si no es así, estamos en presencia de una crítica destructiva”.

 

Prof. Jorge Aguirre Hrepic, Consultor en Inseguridad, Criminalista-Criminología.

 

A diario, todos opinamos, hablamos, escribimos, dibujamos o reenviamos información, fotos, chistes, chascarros, bromas y afirmaciones que pocos, verifican la fuente, de quien genera los antecedentes y quien los recopila.

Después, vienen, las discusiones, repliegues, borrar o eliminar el contenido, pero el acto del mensaje, ya fue diseminado como reguero de pólvora.

Otros, los más avezados, dicen las “explicaciones agravan la falta”, así que me hago el descuidado o metí mal dedo, o yo, solo retransmití.

Esto ocurre, asiduamente, en el caso de las críticas que se efectúan en todo ámbito, sin que existan fronteras, total, todos tenemos derecho a opinar, ya que nuestra Constitución, que tanto quieren jibarizar, garantiza la igualdad.

En este orden de ideas,  los más ortodoxos, señalan que hay que aceptar “las críticas constructivas”.

Las críticas constructivas, poseen un marco teórico, y se consideran para mejorar a través del aporte de un tercero, algo que se debe corregir, modificar o cambiar. Si no es así, estamos en presencia de una crítica destructiva.

Como sea, una “critica”, es una crítica, es decir; la opinión o examen que se hace sobre algo o cosa.

En este contexto, por muy positivo que sea un examen o análisis de un acto, cuando se efectúa el debate o se critica una opción, independiente de la forma, – aunque sea con respeto-, quien recibe la crítica o sus asesores, algunas veces la evalúan pésimo, más allá de los niveles de objetividad o subjetividad, con que se emiten.

El principal ejercicio de crítica, es el que se realiza a diario sobre las estadísticas de la cuenta que se brinda por parte de la autoridad de Salud, de las medidas, alcances y estrategias, de la pandemia denominada “Covid 19”, donde algunos los hacen positivamente y otros negativamente.

Seguidamente, se critica por los recortes presupuestarios a las entidades públicas, que se deducen de una lógica necesaria para ordenar los recursos, toda vez que la carga publica es inmensa y falta generación de recursos frescos, por cuanto, la crisis económica instalada a nivel mundial, obliga a tomar ciertas medidas de austeridad. Como por ejemplo, no hay pago de patentes comerciales, de vehículos, contribuciones, proveedores, etc. Para muestra, solo hay que observar el déficit de los municipios del país.

Como sea, mi critica “constructiva”, apunta a que no se debe recortar el presupuesto a las instituciones “ABC” (ambulancia-bomberos-carabineros) de la emergencia, ya que son sin duda la primera línea de defensa y atención de ciudadanos, en esta pandemia.

Otra crítica es que la población en general, aun no sopesa la gravedad de esta situación, y persisten en fiestas, aglomeraciones, reuniones, funerales narcos y de los otros, poniendo en jaque a todos los demás. Habida consideración en que estamos en estado de excepción constitucional.

Por eso surge la crítica a la autoridad encargada de la seguridad pública, y en este sentido, positivamente nos alegramos que no hayan lesionados por incumplimiento de los controles y periodos de cuarentena sanitaria y toques de queda. Aunque, lo negativo, es que han proliferado los atentados en La Araucanía y otras regiones, con daños a la propiedad, especialmente privada.

A renglón seguido, ante tanta discusión sobre la baja de sueldos para los empleados públicos, se suma la discusión en el Congreso Nacional, por la rebaja de las dietas parlamentarias, asesorías o gastos operacionales. Da lo mismo, ya que no se consideran objetivamente las “AFP” (Amigos – Familiares – Parientes), donde los sueldos a “honorarios”, marcan la mayor tendencia a la hora de la justificación, esto es ¿crítica constructiva o destructiva?

A estas alturas da lo mismo, total a quien le importa, si el miedo de la gente,-independiente de más o menor delitos-, se mide por la cantidad de denuncias versus cantidad de detenidos, si no hay criterios objetivos para emplear el control social a todo evento, por el contrario, se soltó la lienza y el pez, está dejando de ser pescado, así que la caña de pescar, no da para más. Esta analogía, lejos de ser irónica, permite además, internalizar, que más que regalar pescados, hay que enseñar a pescar, hay que enseñar a reinventarse a las personas, hay que dotarlas de otras recursos para subsistir, para vivir, con los menores traumas posibles. Esto se puede, el tema es quien lo hace.

Están todas las pastelerías cerradas, y los pasteleros se dedican, a cualquier cosa, menos a lo que saben con habilidad y experiencia.

Las filas o colas callejeras, de pago, depósitos, diligencias de todo tipo, ya no dan más, el riesgo ya no es tal, sino que es “Cindinica” (ciencia que estudia el peligro), especialmente cuando vemos en ellas a personas de tercera y cuarta edad, en vulnerabilidad y ya no hay espartanos que defiendan a sus viejos, se perdió la empatía ciudadana. Cada uno a lo suyo.

La crítica mayor, siempre es para quien detenta el poder, ya que voluntariamente se inscribió para servir, y tiene todos los mecanismos y herramientas a su haber. Da lo mismo que se enojen, si la verdad es que estamos desordenados, llenos de incivilidades, inventando protocolos impracticables y cuando uno pregunta, las respuestas son tan disimiles, que se perdió el norte. Estoy claro, me conformo con poco, total, la mayoría sabe que no hay críticas constructivas.

 

 

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