Opinión: El final de la paciente incomunicación

Claudio Nuñez

Escribe: Prof. Jorge Aguirre Hrepic, Consultor en Inseguridad, criminalista-criminólogo.

Desde siempre se ha especulado sobre el límite de la paciencia humana, para soportar las diversas acciones que lo complican o afectan, sean de origen natural o artificial.

Da lo mismo, el problema puede ser complejo o simple, pero siempre hay que buscar una solución, y ahí está lo difícil, ya que no siempre están las capacidades para reconocer los problemas y menos enfrentarlos adecuadamente, es prácticamente una pauta cultural, ambientada en el mundo abstracto de las ideas. Donde cada uno habla lo que mejor le asienta a sus propios niveles de intereses o demostración de información, sin importar la fuente.

La paciencia, entendida como la actitud y capacidad de sufrir, soportar y tolerar desgracias y adversidades o cosas molestas u ofensivas, con fortaleza, sin quejarse ni rebelarse. Este concepto, es de carácter universal, de ahí que sin considerar mayormente las naturales mezquindades, cuando ocurre un hecho grave o de importancia, y es permanente en el tiempo, la “paciencia colectiva”, se fractura de una u otra forma.

 Esto sucede a nivel mundial, con los diferentes atentados terroristas ocurridos en los últimos años, y no por que los anteriores no fueran importantes, sino que, la nueva agenda terrorista y guerrillera, tiene otros aderezos, hay nuevos insumos, alianzas transversales y el mundo experimenta un nueva “moral”, para conocer y analizar todo lo que ocurre, donde la justificación es la carta bajo la manga, a la hora de desestabilizar el juego democrático.

 Basta recordar los atentados de Atocha en España el año 2004, los atentados en Inglaterra el año 2005 y 2017, atentados en Francia 2015 y 2016, en Pakistán el 2013, en Rusia, Osetia el año 2004, en verdad son múltiples los atentados, pero no se puede discutir que algunos han sido verdaderos iconos como objetivos terroristas, siendo uno de los más emblemáticos, los cuatro (4) atentados a EE.UU. el  11 de septiembre de 2001, entre ellos Las Torres Gemelas.

 En Chile, tenemos lo nuestro, en otra magnitud pero atentados al fin y al cabo, que afectan nuestra convivencia, nuestra seguridad y la paciencia de muchos, especialmente por la periodicidad y la impunidad, toda vez que ocurren en un territorio definido, como siempre pasa en los inicios de un conflicto asimétrico.

Para no perder el hilo conductor, -volvamos a la paciencia-, de los atentados a nivel general, siempre se han detectado en las evaluaciones, que si algo falló, fue el aspecto relacionado con las comunicaciones y no solo referente a las tecnologías, si no que a los canales de información, debilidad principal, de cualquier estamento burocrático gubernativo. 

Hay que decirlo, los terroristas no sufren de esta problemática burocrática, por el contrario, no hacen ni cotizaciones de productos tecnológicos ni deben llenar formularios y menos realizar sumarios administrativos. Gajes del oficio.

En todo caso, a raíz del atentado a las Torres Gemelas, cuando se evaluaron todos los detalles, se detectó que también, unas de las debilidades fueron las comunicaciones para enfrentar la crisis. Principalmente de los equipos de intervención, antes, durante y después del atentado.

Las redes, enlaces y canales de comunicación se encontraban en un divorcio tecnológico, donde la relación directa no existía, por lo tanto una de las primeras medidas que se adoptaron, cuando se fusionaron las 16 agencias federales bajo un solo mando-coordinador,-para prevenir y enfrentar nuevos atentados-, fue la de optar por el sistema Apco 25 (estándar común),  y de ahí en más, esta innovación llevo a tener mejores resultados.

Guardando las distancias, en chile, el panorama no es muy disímil, el 27 de febrero de 2010, a raíz del terremoto, pasamos por lo mismo, las comunicaciones de emergencia fallaron y la administración de la crisis, fue de mal en peor. Siendo la Onemi (oficina nacional de emergencias), la más afectada en el cuestionamiento.

Si vemos el vaso medio lleno, la Institución que sí pudo mantener su red de comunicaciones y enlaces a nivel nacional fue Carabineros de Chile, quien tuvo que hacer puentes o retransmitir a otros estamentos.

Como no recordar, los problemas de las Fiscalías del Ministerio Publico, sin teléfono, sin radio, sin comunicaciones.

Los bomberos y ambulancias, transmitían a nivel local y entre sus vehículos, los cuarteles sin energía.

Esta situación fue reconocida por una comisión investigadora de la Camarada de Diputados y entre las sugerencias, se propuso que se integraran todas las instituciones afectas a las emergencias  al estándar internacional Apco P-25, cuyos productos son interoperables de comunicación inalámbrica digital de dos vías. La fortaleza, está basada en los usuarios y no en la industria.

Lo más lamentable, es que siendo Chile, un país de constantes catástrofes naturales (terremotos, temblores, tsunamis, inundaciones, erupción de volcanes, etc. Además, de caída de puentes, cortes de ruta, incendios forestales,  y otras provocadas por el hombre, como la insurrección del 18 de octubre de 2019 y múltiples atentados terroristas en el sur del país, desde 1999 a la fecha, es decir 20 años de este flagelo. Al respecto, seguimos en lo mismo y sin innovación comunicacional inter instituciones.

La paciencia intelectual del ciudadano común y corriente, no da para más, lo que ayer discutía en la calle, hoy lo hace desde las redes sociales, donde ante cada noticia, discute y alega, sobre el rol de las autoridades para enfrentar toda contingencia. No hay freno al respecto.

Pero en algo tienen razón, no hay señales de cambio, de eficiencia ni de eficacia, como todos quisiéramos.

Un esforzado pequeño trabajador agrícola, del sector sur del Biobío, que también trabaja en el sector norte de La Araucanía, por años ha sido testigo, de cortes de camino, incendios de vehículos, quema de bosques, en fin de diversos tipos de atentados. También se han encontrado con los terroristas, los que los han fiscalizado, luego controlado por Carabineros, interrogado por la PDI y ahora también fiscalizado por el Ejército de Chile. 

Lo que él no entiende, es que cuando se han producido los atentados, especialmente de día, y arrancan los terroristas, por diversos caminos, por qué no son perseguidos o detenidos más adelante, por qué cuando llegan las fuerzas estatales encargadas del orden y la seguridad, especialmente en este Estado de Excepción Constitucional, no logran su captura y ha percibido una suerte de descoordinación, para no decir temor en enfrentarse. Lisa y llanamente no lo entiende, y ya se acostumbró a vivir así.

También sabe, que en esos sectores la comunicación telefónica es deficiente o nula, pero cuando se entrevistó con militares, le indicaron que no había comunicación directa con las otras fuerzas policiales.

Aquí, entonces se replica el problema histórico de falta de coordinación por culpa de las comunicaciones. ¿O será por un problema de voluntad? En corregir esta importante debilidad.

Hemos sido testigos, de la profusa difusión que se ha hecho del aumento de contingente, hemos escuchado como algunos políticos y dirigentes se quejan de una militarización de la zona, pero de qué sirve, si solo  se presenta como una decoración del entorno y no como una fuerza de intervención real, para prevenir, reprimir, investigar o mantener las tranquilidad de todo el estamento productivo y habitantes de las zonas afectadas.

Asimismo, el presidente de la república, nombró un coordinador en terreno, a quien, desde este medio periodístico, le enviamos las mejores vibras para su trabajo, pero en dos semanas, llevamos más de 20 vehículos quemados, torres de energía caídas, incendios a casas, etc. Las querellas han crecido también hay que decirlo. En algunos casos, ha habido detenidos. Pero la suma, es adversa.

¿Qué explicación se debe dar a la gente?

Debe ser la verdad, el diseño operativo es deficiente.

¿Cómo se puede corregir?

Es fácil, siempre y cuando haya voluntad.

¿Qué se propone?

Para que tenga las tres “B” (bueno, bonito y barato), se debe utilizar y mejorar en la gestión para las contingencias,  con lo que ya se cuenta, y dejar de lado los egoísmos y compartir las bondades tecnológicas, con criterios de seguridad interno o interfuerzas, con protocolos ajustados a la real demanda de seguridad, sin eufemismos de ninguna especie y que no sea una entelequia al más alto nivel.

Se debe implementar el sistema probado de Carabineros en base a Apco 25, donde se integre Ejército, FACH, PDI, Bomberos, Ambulancias, Onemi (dependiendo de la emergencia), que operan en este Teatro de Operaciones, para que en tiempo real, se coordinen a todo evento y necesidad operativa o logística de apoyo a las Fuerzas.

Esto debe estar enlazado a una Central de Comunicaciones y Monitoreo de la gestión de contingencia. Para evitar que se saturen las comunicaciones ordinarias de procedimientos de otra especie. Por supuesto que debe haber otros elementos más técnicos a considerar, que no es del caso ventilar por este medio.

Ténganlo seguro, los terroristas si están muy bien coordinados y no pierden la calma, lo hacen por vocación, conforme a sus propios perfiles, más encima les fascina observar el desorden, el daño, el temor.

Señor Coordinador de seguridad Zona Macro Sur, Francisco Merino, llame el ex Intendente Jorge Atton, quien cuando estuvo en la Subsecretaria de Telecomunicaciones, quedó súper claro con este tema, conoce la problemática de la región y de telecomunicaciones.

Es la oportunidad, más allá de las estadísticas  y las entrevistas, de generar cambios positivos y de bajo costo, que permiten poder realizar la optimización de los recursos de toda índole, por el bien de todos. Créanos, no es difícil.

Ahora bien, si no hay voluntad, el cuento será otro, como le ocurrió al porfiado de don Otto, a vender el sofá.

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