Opinión: “De Estadio Seguro a La Araucanía insegura”

Claudio Nuñez
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“Para no ser injustos, cuando el gobierno ha dado “inteligentes” muestras de querer solucionar el problema de seguridad que afecta al sur de Chile, en Tiempo21 hemos sido los primeros en apoyar y dar el beneficio de la duda para aquellos que se les ha entregado la importante misión de coordinar, dirigir y gestionar, las funciones públicas de protección a la ciudadanía, especialmente cuando fue nombrado el comisionado Francisco Merino, quien igual que un celaje, pasó por la macro zona, sin dejar estela y se perdió en el espacio sideral”.

Escribe: Jorge A. Aguirre Hrepic, Profesor De Estado, Consultor En Inseguridad, Criminalista-Criminólogo.

Desde siempre se ha dicho que la paciencia tiene un límite, sin embargo, en Chile, ese enunciado es solo un mito, fundamentalmente porque la práctica demuestra lo contrario. Independiente que algunos crean que los desórdenes e insubordinación social, fueron un acto de pérdida de paciencia – no se equivoquen- la revuelta social del 18 de octubre de 2019, fue un acto concertado planificadamente y fielmente ejecutado. Las múltiples evidencias lo demuestran y la facilitación de todos los medios,  recursos logísticos y comunicaciones, superan a una operación militar tan importante, como el desembarco de Normandía, sin guardar ninguna proporción con la  bondadosa salvedad de que aquí no hubo muertos que endosar objetivamente a los defensores y los atacantes no tuvieron que buscar al soldado James Ryan.

El segundo estadio de la paciencia, está dado por la fuerza de aguante de los habitantes de la Región de La Araucanía, seguidos por los ciudadanos del Biobío y en la retaguardia, aun con algo de control, quienes viven en la región de Los Ríos.

En este sentido, la paciencia, entendida como la actitud que lleva al ser humano a soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. Es parte de una función de aguante, de soportar un sufrimiento o algo que agota y desgasta, comprimiendo las capacidades de control.

De ahí que la paciencia individual y colectiva, no vayan de la mano, ya que se involucran todas las emociones y desesperaciones, en las personas, cuando no visualizan una solución, ante la situación que las “impacienta”.

Entonces, surge la pregunta, ¿quién impone la paciencia?

Generalmente la paciencia la impone alguien que domina y ejerce el poder sobre otros, imponiendo el factor tiempo y plazo, para cumplir algo.

Ahora bien, desde una posición pasiva o de dominancia oculta, también se puede colmar la paciencia en forma vertical y hacia arriba cuando aquellos que tienen que cumplir o efectuar tareas no las realizan, se tardan o lisa y llanamente actúan con displicencia en el cumplimiento de roles.

Lo que sí hay que aclarar, es que la agravante principal es cuando se abusa de la paciencia de las personas, especialmente de las más débiles, de aquellas que no tienen medios para solucionar sus propios problemas, de la materia que sea.

La temática más compleja, es la que su administración y control, depende de una función monopólica, conforme incluso a la propia Ley, como es la seguridad de todos los chilenos.

Aquí, no hay injerencia individual ni colectiva que valga, es un imposible teórico y práctico. La “seguridad”, dejó de ser una sensación de vivir tranquilo en un ambiente cotidiano, en todo el territorio donde se ejerce la soberanía nacional.

La excepción – que siempre las hay- está dada por acciones que reflejan pérdida de paciencia ante problemas laborales, económicos, sociales, políticos, de vivienda, de alimentación, lo que genera efervescencia de todo tipo y surge la “Inseguridad”.

A estas alturas, da lo mismo el concepto. Lo que no da lo mismo, son los hechos, principalmente, aquellos que derrochan violencia sin control, donde la daga del miedo y el temor punzan el esternón del cuerpo social de la paz y como el delincuente sabe usar la “quisca”, opta por efectuar cortes en otras zonas vitales, hasta llegar progresivamente a la yugular. Ahí se termina todo.

Es durante una agresión con el arma o herramienta que sea donde las reacciones son variadas por parte de una víctima, que muchas veces no se defiende, además que se le insta a que no lo haga precisamente para no alterar al “malo”, es mejor entregarse como cordero y evitar un mal mayor.

Si las víctimas mejor no responden a una agresión, bueno entonces quien las defiende o evita y previene su ataque, la respuesta es clara, el Estado debe defenderlas, aunque sea un poco ilusorio, ya que el Estado, en la actualidad, tampoco sabe que existe la defensa propia de él mismo.

Pareciera que el propio Estado, tiene tendencia a la autodestrucción, principalmente por su eficiente capacidad de “omisión”, ante los conflictos graves.

Para no ser injustos, cuando el gobierno ha dado “inteligentes” muestras de querer solucionar el problema de seguridad que afecta al sur de Chile, en Tiempo21 hemos sido los primeros en apoyar y dar el beneficio de la duda para aquellos que se les ha entregado la importante misión de coordinar, dirigir y gestionar, las funciones públicas de protección a la ciudadanía, especialmente cuando fue nombrado el comisionado Francisco Merino, quien igual que un celaje, pasó por la macro zona, sin dejar estela y se perdió en el espacio sideral.

Nos quedamos, con una mochila llena de buenas intenciones que hoy son pesadas piedras de baritina y débiles, igual que su naturaleza química.

Antes de este Comisario de Seguridad, con bombos y platillos, este mismo gobierno inauguró una moderna “Central de Informaciones” que denominó Macro Zona Sur, en dependencias de la PDI, que estaba compuesta por policías de ambas instituciones (Carabineros-PDI), de otros organismos y dirigidos por una persona con perfil político adecuado, total en Chile cualquiera es “segurito (a)”.  

Hace una semana, fuimos amenazados positivamente, con el nombramiento de un nuevo zar de la seguridad pública, con el máximo de apoyo de La Moneda. Pasó el tiempo, se filtró el nombre de Jaime Poblete, coronel de ejército en retiro,  entre otros, pero nada aún.

El miércoles 25, salió humo jaspeado del Palacio Presidencial, creándose un nuevo modelo  estratégico de seguridad, denominado “Unidad de coordinación para la macro zona sur”,  orientado a mejorar las condiciones de seguridad de un territorio delimitado, en base a cuatro (4) áreas específicas, tales como; coordinación policial, persecución penal, víctimas de la violencia y coordinación de la gestión de gobierno, es decir se descubrió la fórmula de la pólvora.

Esta nueva Unidad, estará integrada por una suerte de patrulla juvenil, dotada de herramientas secretas para combatir los problemas, solucionar las descoordinaciones policiales, controlar las grietas sociales, ser atletas en la persecución penal, atender pormenorizadamente a las víctimas, verificar la gestión gubernamental, en subsidio por lo que no hace la Intendencia, Gobernación, Fiscalías del Ministerio Publico, abogados del Ministerio del Interior, es decir, como si el Estado y sus instituciones no funcionaran.

En sencillo, una unidad de contrainteligencia para acusar a quienes no cumplen sus funciones profesionales en el sur de Chile.

Lo importante, es dejar en evidencia, que algo se hace, precisamente para alargar la capacidad de paciencia de los sureños.

Para ello, se seleccionó meditada y objetivamente a un nuevo zar, a un nuevo lonco, -para estar acorde con la región-, para que lidere esta novedosa Unidad de CXoordinación, recayendo esta importantísima responsabilidad de mando en las jinetas de Cristian Barra Zambra,  ex mandamás, del programa “Estadio Seguro”, para controlar a las barras bravas y reducir la violencia en los estadios, en relación al fútbol. Actividad y gestión que no merece el más mínimo análisis. 

No obstante, independiente de amigos y enemigos, seguidores y detractores, personales del Sr. Barra, principalmente es esta zona donde la principal fortaleza es la de haber vivido por años  y haber ejercido como “candidato” para cargos políticos de elección, en una de esas, logran sus frutos, reforzado por su contacto directo con la primera autoridad nacional, y obtiene lo que nadie ha conseguido: reducir los atentados, bajar los índices de violencia, terminar con la impunidad y evitar la segunda victimización de miles de sureños. Ahí, obtendría su merecido post título en protección civil.

El equipo de primera división en las lides de la coordinación en materias inherentes a la seguridad pública, está señalado en el cuadro adjunto.

Como se puede observar, nada se sabe de quién será  el encargado de “coordinar” la seguridad, la inteligencia y el orden público, en la macro zona sur.

Seguramente, porque ya existe un alto oficial de Carabineros encargado de esto en la macro zona sur, quien deberá ser el conductor natural de las acciones policiales, el tema sensible es cómo será la coordinación y aplicación de las tácticas policiales, para reducir lo más importante, los atentados a las personas, las quemas de bosques, vehículos, y maquinarias. En definitiva las muertes de personas.

Según trascendidos desde la casa en que tanto se sufre, pronto se nombrarán dos coordinadores de seguridad, recayendo la responsabilidad en sendos oficiales en retiro de las FF.AA.

Asimismo, las malas lenguas atribuyen a presiones partidistas, de militancia amistocrática-política, el nombramiento de los componentes de este equipo, para no perder la representatividad coordinadora de las acciones.

Como sea, les deseamos éxito en sus gestiones como equipo, por el bien de una “macro zona”, que conforme a la resolución del gobierno a su visible problemática le otorga un tratamiento, simplemente “Micro”, donde nuevamente los encargados de liderar el proceso eufemístico de repacificación del Sur de Chile, carecen de la preparación adecuada para abordar exitosamente la tarea, y definitivamente, la paciencia por estas tierras hace rato se terminó.

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