Opinión: Alda ¡perdón! por Giovanna Giusti

DiarioTiempo21

A pesar de la pena que los ojos de Jorge Luchsinger reflejaban, también vi en él serenidad y calma; y no pude sino pensar que esa serenidad y esa calma solo te la puede dar la justicia. (…) Alda perdón. Perdón por no hacer nuestra tu tristeza, perdón por no entenderte en tu dolor y exigir con más fuerza justicia para Yini y sus hijos, perdón por no desplegar una gigantografía en uno de los accesos a Temuco que diga “Yini, Ignacio, Valentín y Daniel no los olvidamos”.

Por Giovanna Antonella Giusti González.

Durante esta última semana creo, que la palabra mas usada en nuestra región ha sido Justicia. La he oído desde distintos sectores, algunos exigiéndola, otros acusando la falta de ella y muchos otros diciendo que es solo para algunos.

En esto último es donde me quiero detener. Hace unos días tuve la posibilidad de compartir un café con Jorge Luchsinger, gracias a nuestro espacio de convergencia regional él accedió amablemente a  juntarnos en el subterráneo de un céntrico hotel. En poco más de una hora y a pesar de tener muchas diferencias, mi percepción sobre él cambió considerablemente. Me encontré frente a un hombre grande de estatura y de mirada dura, pero que escondía una pena enorme- quién no la tendría al perder a sus padres de tan brutal manera. A pesar de la pena que sus ojos reflejaban, también vi en él serenidad y calma; y no pude sino pensar que esa serenidad y esa calma solo te la puede dar la justicia.

Lo que vi en sus ojos me hizo pensar automáticamente en una mujer. En poco mas de una hora que duró la conversación, esa imagen dio vueltas en mi cabeza, la imagen de Alda Reyes Briones, madre de Yini Sandoval, joven que fue asesinada y quemada viva con sus tres pequeños hijos y en donde hasta el día de hoy no hay ningún sospechoso detenido. Pensé en el dolor que he visto en sus ojos, ese dolor por la pérdida de su hija y sus nietos,  al cual se le suma la tristeza por no encontrar justicia. Pensé en las diferencias abismales que existen en nuestra sociedad, pensé que hasta en la muerte y en la justicia esas diferencias se siguen manifestando y me pregunté una y otra vez si pueden unas vidas valer más que otras. No juzgo la condición de la familia Luchsinger Mackay. Es más;  creo que ellos ya han sufrido bastante y han debido enfrentar procesos dolorosos. Mi crítica va a la indiferencia, a la indolencia de nuestra sociedad, al cómo no somos capaces de empatizar con el dolor ajeno, o que esa empatía solo surge cuando le pasan cosas a ciertas personas. Es cosa de acordarse de la reacción de la gente ante el accidente de las alumnas del Colegio Cumbres hace unos años atrás y la reacción por las chicas desaparecidas de Alto Hospicio  y vuelvo a peguntarme: ¿Es qué hay vidas que valen más que otras?

Y no me queda más que pedir perdón.

Alda perdón. Perdón por no hacer nuestra tu tristeza, perdón por no entenderte en tu dolor y exigir con más fuerza justicia para Yini y sus hijos, perdón por no desplegar una gigantografía en uno de los accesos a Temuco que diga “Yini, Ignacio, Valentín y Daniel no los olvidamos”  y perdón por no exigir a las autoridades políticas que presionen para aclarar los hechos que sucedieron aquella horrible noche de diciembre del año 2016 y que te  privaron de tus seres queridos.

Seguramente, Alda, nunca bajarás los brazos hasta dar con él o los culpables del asesinato de tu hija y nietos,  quizás el día que eso ocurra, entre tanta tristeza, encuentres la calma, pero a cada uno de nosotros, silentes espectadores de esta injusticia, quizás la calma nunca llegue y sigamos indiferentes hasta que la vida nos golpee tan fuerte y seamos nosotros quienes tengamos que exigir justicia.

Quiero hacer una mención especial para la Asamblea de Mujeres del Gulumapu, organización que ha estado apoyando a Alda Reyes Briones desde un principio y han logrado que este causa no se archive como tantas otros que nunca encontraron justicia.

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