Editorial: Pandemia y calidad del aire

Claudio Nuñez

En los días recientes, se han levantado voces señalando que la contaminación es una vía que permitiría al covid-19 fortalecer su presencia en la región, especialmente en Padre Las Casas y la capital regional, según estudios tanto de la Universidad de La Frontera, como de la Municipalidad de Temuco, en conjunto con instituciones científicas.

 

Una nota aparecida en latercera.com,  da algunas señales del por qué La Araucanía y Temuco en especial, se han erigido como la capital del coronavirus, transformándose en una de las regiones con mayor cantidad de fallecidos con esta enfermedad. “Malas decisiones políticas, poco respeto ciudadano a las cuarentenas, errores de la autoridad sanitaria local, la contaminación ambiental e incluso posibles casos iniciales no detectados”, estarían apuntando como responsables de esta nueva bomba social y sanitaria que nos afecta.

Todos -cuál más o cuál menos-esgrimen razones dignas de tener presente. Una de ellas, considera el  cuarto Informe Epidemiólogo por covid-19 (la nota fue editada el 8 de abril) señala que su tasa de exámenes positivos por cada 100 mil habitantes es la tercera de Chile, con 55,4.

También la inquietante cifra de personas circulando en el centro comercial y administrativo de la ciudad de Temuco, que en algunas ocasiones superaron las 30 mil personas, indica que no hubo una respuesta adecuada de la población a los llamados de permanecer en casa para evitar contagiar o ser contagiados.

Pero también es cierto que especialmente los bancos, daban plazos para cancelar los diversos compromisos contraídos por sus habitantes y todos sabemos lo que ocurre cuando a las instituciones financieras no se les paga oportunamente.

Pero también ahora salta un tema que para la capital regional no es nuevo: en el 2019 fue una de las tres ciudades con más registro de contaminación ambiental a nivel nacional. En ese año la ciudad tuvo 67 episodios críticos de esmog, jornadas en que la calidad del aire se torna peligroso (14 emergencias, 29 preemergencias y 24 alertas).

Héctor Sánchez, director del Instituto de Salud Pública de la U. Andrés Bello, sostiene la nota de la tercera.com, que “la contaminación agrava cualquier enfermedad respiratoria, como el coronavirus. En Temuco, podría producirse una estrechez en la capacidad de respuesta del sistema de salud más temprano que en el resto del país”.

Resulta efectiva dicha intervención pero ello no es culpa de la población, a pesar que somos nosotros los que ocupamos leña –y no siempre seca- para la calefacción. Pero los niveles de pobreza, bajos ingresos, son limitantes para recurrir a fuentes energéticas menos contaminantes, pero con valores que no están al alcance de los temuquenses.

En los días recientes, se han levantado voces señalando que la contaminación es una vía que permitiría agudizar la presencia de coronavirus en la ciudad, según estudios tanto de la Universidad de La Frontera, como de la Municipalidad de Temuco, en conjunto con instituciones científicas.

Pero este es un tema que por más de 20 años se ha estado solicitando al nivel central, para que diseñe políticas ambientales que considere fuentes de calefacción menos dañinas a la calidad del aire pero observando la realidad económica de sus habitantes. Este mismo problema lo enfrentan ciudades como Chillán, Osorno y otras, que –coincidentemente- están sufriendo por el alto número de contagiados y fallecidos con covid-19.

La realidad y panorama acerca del peligroso y dramático efecto que produciría la asociación mala calidad del aire y coronavirus podría tener dramáticas consecuencias, pero también aquí asoma otra equivocación del centralismo que pese a las múltiples voces de autoridades, parlamentarios, alcaldes, de todas las tendencias, que reclaman políticas que permitan disponer de fuentes de energía alternativas.

Cuando asomó la posibilidad del gas y la cercanía de complejos desembarco, tratamiento y traslado de gas natural, por citar un ejemplo, nuevamente se privilegió disponer de este recurso  para los grandes complejos industriales, especialmente de la zona central  y como remedio para el agudo problemas de la mala calidad del aire producto de la leña, se dispuso mediocres políticas de leña seca, que no ha significado ningún impacto en la calidad del aire para los millones de personas que viven en la zona centro sur.

Sin duda, estas son soluciones políticas. Pero nuestros líderes al frente de la región no solo hacen oídos sordos, sino que sus decisiones y silencios se vuelven a fortalecer las decisiones de técnicos que adoptan decisiones que permitió a los grupos empresariales a adueñarse de los recursos y utilizan los combustibles importados para aumentar las ganancias de sus empresas sin considerar el factor humano.

En cuanto a decisiones políticas, estas han sido lentas, torpes y anodinas, como la llegada del primer contagiado que viajó desde la capital a Temuco a participar en una fiesta matrimonial. Al respecto, hasta el Ministerio Público actuó con indulgencia;  o de la propia seremi de Salud que sabiendo ser portadora del virus demoró en entregar la información para continuar en su permanente quehacer en busca de cámaras y protagonismo. Solo en un par de días contagió a un importante grupo de autoridades que debieron hacer cuarentena. Además, el ministro de Salud demoró en nominar a un sucesor e incluso se permitió defender a la cuestionada seremi.

Aquí, sin duda que el intendente regional demostró que no fue capaz de superar esa contingencia o presionado por autoridades del nivel central o de parlamentarios, para reaccionar con rapidez en la conformación de un equipo político y técnico que continuara con la labor de educación y preparación de la ciudadanía regional para enfrentar el flagelo, que llegó con unos pocos o quizás estaba instalándose desde antes sin ser detectado por quienes debían preocuparse de ello.

 

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